Veinte Siglos de Alfonsina Storni

Para decirte, amor, que te deseo,
sin los rubores falsos del instinto,
estuve atada como Prometeo,
pero una tarde me salí del cinto.

Son veinte siglos que me movió mi mano
para poder decirte sin rubores:
“Que la luz edifique mía amores”.
¡Son veinte siglo los que alzo mi mano!

Pasan las flechas sobre mis cabellos,
pasan las flechas, aguzados dardos…
¡Son veinte siglos de terribles fardos!
Sentí su peso al libertarme de ellos.

Y no creas que tenga el brazo fuerte,
mi brazo tiembla debilucho y amargo,
pero he llegado entera hasta el milagro:
estoy acompañada por la muerte.




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