Una Nueva Revolución

“¡El peor enemigo de un mandato corrupto es una sociedad civil organizada!” Palabras que me dijera en una reunión de amigos, hace unos días, Luis Donaldo Colosio Riojas. Y, ¡qué razón tiene! Pues son palabras que, aunque no fueran de su autoría, las transmite con el fervor de quien cree en lo que dice. Al final, lo importante no es quien transmita el pensamiento, sino quien lo hace suyo, quien lo entiende y lo pone en práctica.

Una sociedad civil organizada no solo es el peor enemigo de un mandato corrupto, es el peor enemigo de cualquier opresión gubernamental, civil o ideológica. No hay fuerza alguna en este mundo que no sucumba ante la voluntad del pueblo decidido. No hay armas, prisiones ni leyes suficientes para hacerle frente a una sociedad civil organizada. No hay voluntad mayor que la voluntad del pueblo.

Que lastima que nosotros, los mexicanos, no entendamos la importancia del poder que tenemos entre las manos: nuestra voz sin compromisos y nuestro voto a conciencia. Qué tristeza que no podamos o no queramos darnos cuenta que solo trabajando unidos y activos podemos arremeter cualquier amenaza. Pues queremos encontrar unidad en nuestras diferencias cuando el motivo más grande que tenemos es buscar el bien común y crecer como sociedad.

México debe despertar, vencer la apatía, organizarnos. Los jóvenes necesitamos una nueva revolución, darnos cuenta que tenemos un gran país que defender y que nuestros padres no solucionaran nuestros problemas, es nuestro deber ahora. Pero no busquemos una revolución de balas y muerte, ni de falsos complots y paranoias colectivas. Esta Nueva Revolución debe de lucharse a conciencia, con palabras, ideales, acciones en conjunto y con responsabilidad. Es una revolución de ideologías, de juventud, de anhelos. Ya mucha sangre ha manchado esta tierra, es hora de anteponer la razón, de exigir a nuestros gobernantes, de opinar construyendo, participar activamente y proponer. Es hora de levantar la cabeza en conjunto, de ponernos la camiseta de patriotas, de ser verdaderos mexicanos. Es hora de que el gobierno, los delincuentes y quienes quieran hacernos daño nos tengan miedo a nosotros, al pueblo. Ya es momento de dejar de apuntar el dedo buscando culpables, de dejar de callar nuestra voz y asimilar que la única responsabilidad del bien o el mal que le pase a nuestro país es nuestra. Es momento de consolidarnos como una sociedad civil organizada, actuar como tal.



Veo, con mucha felicidad, el surgimiento de nuevos líderes jóvenes, capaces, educados y con verdadero amor por México. Jóvenes que han decidido no cruzar los brazos, que están despertando a una realidad doliente. Les hago un llamado a esos líderes para que comiencen a actuar y asumir su responsabilidad histórica para con la patria. No podemos cambiar el pasado, pero si podemos construir un mejor futuro. Dejemos atrás a la generación del “no”, a la generación del miedo y a la generación de apáticos. Seamos la generación que piensa, que actúa, propone, trabaja, invierte y lucha día a día por nuestro país.

Hoy deposito mi confianza en nuestra gente, en nosotros. Esta nueva revolución requiere de personas que amen a nuestro país; requiere de ética y de valores; requiere de hombres y mujeres valientes que no vendan su conciencia, su voto ni su patria. Lo más importante, requiere de ciudadanos íntegros que estemos dispuestos a trabajar unidos, a olvidar nuestras diferencias, a ganarnos la vida con dignidad y a luchar por el México de nuestros sueños. Al final, somos más de 100 millones de ciudadanos que tenemos esta tierra como hogar, y no habrá ningún otro lugar en el mundo que nos de asilo a todos y nos haga sentirnos en casa.

Muchas gracias Donaldo, Samuel, Carlos, Héctor Alejandro, por haber compartido sus ideas conmigo, ideas que dan pie a este artículo y me dan la certeza de que somos muchos los que queremos a nuestra patria, a la cual nos debemos. Muchas felicidades a todos los que, como ellos, se unen a esta revolución, desde sus trincheras, con la idea de construir un mejor país a base de esfuerzo y de trabajo. Solo basta recordar aquella vieja frase que reza: “!El pueblo unido jamás será vencido!”. Trabajemos juntos por este país, venzamos la apatía, regresemos un poco de lo mucho que nos ha dado México, amémoslo nuevamente. México somos nosotros, su gente. ¡México está en nuestra sangre! Mi corazón es de este país, mi patria. ¡Viva México!

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