Un Año Más

Cada fin de año llega el momento de hacer un recuento de lo vivido, de lo caminado. Y en cada recuento siempre llego a una misma conclusión: Gracias, Dios mío, por haberme permitido pasar un año más con vida, con experiencias y con amor.

Mas allá de las alegrías y los llantos, de los sueños cumplidos y los que no, de los logros y de los fracasos, mas allá de las vivencias se encuentra la dicha de iniciar un nuevo año. Pues, a pesar de todo, son los logros los que nos dan éxitos, pero son los fracasos y las caídas las que nos enseñan a vivir. Por eso no me arrepiento de nada de lo que paso en este año, al contrario, lo celebro. Doy gracias a cada momento por cada día, por cada hora, por cada abrazo recibido, por cada mano estrechada, por cada sonrisa y por cada lágrima. Doy gracias por cada amigo, nuevo o viejo; por cada oportunidad, aprovechada o no; por cada respiro y por cada latido de mi corazón que me enseñan a estar vivo. Doy gracias por el amor, por ese amor de familia que tiene la fuerza necesaria para impulsarme a crecer y para sostenerme cuando caigo; por ese amor de la amistad, de esos amigos que nunca nos dejan solo. Doy gracias por todo, así de simple, por poder amar y ser amado.




Tuve muchas vivencias este año, y una de las más bellas es, sin duda, la oportunidad de poder escribir en este espacio. Esa oportunidad que me ha permitido compartir con ustedes un poco de mí. Por eso también quiero agradecerle a cada uno de mis lectores, los que concuerden conmigo o no, por regalarme unos minutos de su tiempo para leer estas simples opiniones que escribo, siempre pensando en ustedes. Y gracias a la gran familia de El Mañana por confiar en mí y apoyarme a cada momento en esta responsabilidad que implica escribir. Muchas gracias a todos por estar conmigo cada lunes.

Y hay tantas cosas buenas que quisiera compartir con ustedes, tantas gracias que quisiera dar, pero no me alcanzaría el espacio para hacerlo. En vez de eso, quisiera compartirles algunas de mis deseos para el próximo año:

Ante el dolor de ver a mi ciudad lastimada, con su realidad ignorada o disimulada por sus autoridades, mi primer deseo es para Nuevo Laredo. Deseo que el próximo año Nuevo Laredo resurja de las cenizas en las que nos han sumido quienes no tienen conciencia, raciocinio, integridad y valor; esos pequeños detalles que hacen la diferencia entre el ser humano y un animal irracional. Quiero que mi ciudad vuelva a creer en sí misma, que vuelva a triunfar, a vivir con esa alegría característica, a vibrar de orgullo y no temblar de miedo. Que los neolaredenses nos unamos para levantar la cabeza, para defender nuestra tierra, para hacerla grande como lo fue y, estoy seguro, lo será de nuevo. Que la paz vuelva a ser nuestro cobijo y no nuestro sueño.

Deseo fervientemente que el próximo año tengamos la sabiduría de elegir a nuevos gobernantes que si tengan capacidad para sacar adelante a nuestra ciudad. Que tengan verdadero amor por Nuevo Laredo, que se entreguen con la verdad, que nos hablen de logros serios y no de miserias cumplidas, que su meta sea el éxito y no la mediocridad. Anhelo que no vendamos el voto, sino que lo usemos para exigir. Que no compren nuestras conciencias con dinero ni con promesas huecas, sino que nos hablen de frente con propuestas concretas y necesarias, avaladas con el honor de la palabra, la integridad moral y la trayectoria congruente de quien las haga. Sueño con que el próximo año Nuevo Laredo se ponga de pie y exija en las urnas lo que le corresponde por derecho.
También deseo que la resignación y la tranquilidad llegue a quienes han sufrido el dolor de perder a un ser querido a causa de la delincuencia. De todo corazón les mando un fuerte abrazo pidiendo a Dios que les dé la fortaleza para salir adelante. Han sido muchos los que han sufrido esta pena en manos de criminales. Solo deseo que ningún neolaredense, ningún mexicano, ningún ser humano tenga que pasar de nuevo por ese gran dolor que a todos nos lastima. Que jamás volvamos a tener miedo de salir a nuestras calles, esas que nos pertenecen a los ciudadanos, en las que jugaban los niños y en las que la alegría brotaba en vez de sangre y balas.

Deseo que México siga fuerte y crezca cada día. Que la nueva administración federal encuentre la sabiduría y la integridad para fortalecer lo ya logrado y generar los cambios necesarios para seguir firmes hacia el éxito como país. Que sea la honestidad sea la que guie el camino de su administración, y que seamos los mexicanos quienes demos fortaleza y exijamos la nueva nación de paz, éxito económico, y grandeza que queremos lograr.

Deseo que en cada familia neolaredense exista salud, sonrisas, paz, abrazos y amor. Que la paz y la felicidad reine en nuestra ciudad y en cada corazón. Que los delincuentes puedan arrepentirse y se den cuenta que se dañan a sí mismos cuando nos hacen un mal.

Les deseo que en este Año Nuevo encuentren el tiempo para un abrazo, para un beso, para un “te quiero”. Que quien rija este nuevo comienzo sea el amor y no el deseo. Que el mayor anhelo sea dar cariño y compartir el éxito sin esperar las gracias por hacerlo. Que la dicha y la felicidad siempre los acompañe para compartirla con quien no la tiene. Y que el amor viva en sus corazones, porque sin amor… nada es suficiente.

Por lo demás, dejare algunos deseos para mí y mi familia, aunque ya después de este tiempo mi familia también son ustedes, mis lectores. Hoy celebremos el final de lo que fue, y el principio de una nueva era que solo será posible si nosotros la impulsamos. Hoy digamos salud por los que se fueron y por los que nacen, que son a los que les debemos una mejor ciudad. Hoy brindemos por el nuevo año de logros que inicia. Hoy demos un abrazo de esperanza y de promesa, la esperanza de un nuevo mañana y la promesa de trabajar unidos para lograrlo. Hoy es nuestro momento, nuestro pasado que termina, nuestro presente que vive, y el mejor inicio de un futuro brillante. Mañana… mañana será otro año.

Les doy el más fuerte de los abrazos. ¡Salud y feliz Año Nuevo!


, , ,

Deja un comentario