Rivas y Su Mentira Transparente

Ayer, en el Primer Informe de Enrique Rivas, no vi a un líder frente al micrófono. Vi a un Enrique Rivas sin pasión, nervioso, actuando su papel sin carisma, sin llenar ese espacio. Vi a un Enrique que parecía más querer excusarse de aquello que no ha hecho. Dijo tantas veces “transparencia” que me llevó a recordar aquella frase de Daniel Peña al finado Benjamín Galván: “Es tan transparente que no se ve”. Una mentira tan transparente que todos podemos ver la realidad y la basura que se esconde detrás.

Se llenó la boca hablando de los valores de su administración: “honradez, lealtad, eficiencia, transparencia”. ¿Honradez? ¿Cuál honradez? ¿Se refiere acaso a las facturas fantasma, a las casas, a los relojes, a los viajes, al dinero derrochado en su imagen, en eventos cuyo costo-beneficio es tan alto y solo sirven para enaltecer el ego del alcalde?




¿Lealtad? ¿A quién? ¿Al dinero? Porque no le ha tenido lealtad a su partido, cuyos principios ha traicionado y ha preferido albergar a priistas antes que a panistas. No le ha tenido lealtad a quienes lo apoyaron y luego fueron ignorados, no le ha tenido lealtad a todos los empleados que alguna vez creyeron en él y ahora son despedidos de manera masiva para poder ahorrar suficiente dinero para su campaña. No le tuvo lealtad a quien le dio la oportunidad de ser candidato y por cuyo trabajo y carisma ganó. No le tuvo lealtad al pueblo de Nuevo Laredo, que fue al primero que traicionó.

¿Eficiencia, transparencia? ¿Dónde está el dinero que se gastó en comunicación? ¿Cuánto cuesta mantener la imagen pública del alcalde? ¿Cuánto cuesta mantener a la empresa “Efecto OW” para que trabaje, con dinero público, en la campaña de reelección? ¿Quién paga los viajes? ¿Quién paga a los bots? ¿Cuál es el costo-beneficio de una aplicación que no ha logrado permear en la población y cuyas peticiones recibidas por ese medio no llegan ni a los mil? ¿A qué asociaciones civiles se va el dinero mensual que se paga en ese rubro? Entre otras muchas cosas que quedan en la opacidad.

Tiene razón en que “los resultados son incuestionables”, solo pocos meses le han bastado para echar abajo la labor realizada en la administración anterior. Y si, “no lo ven quienes no quieren verlo”: el gasto desmedido; el enriquecimiento ilícito; el abuso de poder; todo esto ampliamente demostrado, al igual que su tiranía que, al más puro estilo totalitario de un Donald Trump o Nicolás Maduro, es evidente cuando descalifica a los medios que lo acusan haciendo alarde de que “no se doblegará a intereses mezquinos”, cuando el único mezquino es él, esa verruga dolorosa que tanto daño le hace a Nuevo Laredo.

Este no es un gobierno que escucha, eso es mentira, no ha escuchado a quienes le han pedido hacer algo en Cultura, claro, porque tiene intereses personales y mezquinos que no le permiten hacerlo. No ha escuchado a quienes han señalado al Instituto Municipal de la Juventud, en específico a su director, por el robo de casi 200 mil pesos, incluidos sueldos de sus empleados y el dinero que pagaban los jóvenes por las clases de inglés. No ha escuchado, porque me consta, a muchos que en eventos le hacían peticiones a Enrique, peticiones que terminaban apuntadas en hojas que después acababan en botes de basura porque “eran peticiones que el alcalde había dicho que si por compromiso, pero no eran importantes”.

Que poco jinete resultó Enrique, y que grande le quedo el caballo. Solo basta comparar el primer informe de Carlos Canturosas con este para ver las enormes diferencias. Basta ver a un Carlos Canturosas apasionado, entregado, informando sobre las obras que su administración había realizado, entre las que estaban: una biblioteca, dos primarias, una secundaria, una preparatoria y 500 obras en tan solo un año. Ese si era informe, no la actuación de un Enrique soberbio, tratando de salir apenas a flote de las múltiples acusaciones que hoy tiene. Que diferencia, incluso de si mismo, que diferente a aquel Enrique en campaña que presentó los ejes de su gobierno en el mismo recinto, pero aún con un ligero toque de humildad.

Que pena, Nuevo Laredo hizo suya la esperanza, en la administración pasada se convirtió en un gran barco que ahora amenaza con hundirse. No veo una autoridad, sino a un hipócrita y egocéntrico personaje acosado por sus fantasmas y que ha perdido el piso. Que triste, porque esto solo daña a los neolaredenses.

Después de aguantar una hora viendo el informe, decidí no verlo más. No quería escuchar más mentiras disfrazadas en una supuesta imagen victimada de Enrique, mientras sus “bots” insultaban fuertemente a quienes osaban escribir en la transmisión oficial del Informe que pasaban por la página de Gobierno de Nuevo Laredo y poner en tela de juicio algo de lo que decía Enrique Rivas. Hemos caído en un verdadero retroceso. Pero será la ciudadanía la que juzgue y espero que su dictamen sea el no permitir que Enrique Rivas se reelija. ¡Por el bien de esta ciudad!


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