Nuestro Verdadero Legado

Hasta hace algunos años hablar de Nuevo Laredo era hablar de una de las ciudades con mayor crecimiento económico del país, era hablar de inversión, de orgullo. Nací y crecí en esta ciudad pasando años hermosos de mi infancia, estudiando aquí, siendo feliz. Hoy difícilmente la reconozco. Ahora, cuando busco el nombre de Nuevo Laredo en Internet, en noticias o incluso hablando con alguien más, no cuesta trabajo relacionarlo con crimen organizado, violencia y miedo. Los grandes nombres que ahora arroja esta ciudad son aquellos de delincuentes y asesinos. Mi ciudad, la que tanto quiero, se ha olvidado de sus años de gloria y de los hombres ilustres que alguna vez la llenaron de orgullo. Pero yo aun recuerdo esos años y a esos hombres y mujeres, verdaderos ejemplos que hoy tanto necesita Nuevo Laredo.

Hoy, cansado del fatídico destino que se ha propuesto mancillar mi ciudad, he decidido remontarme a su grandeza y a quienes la hicieron grande. He decidido recordar aquellos que nos dejaron una herencia por la cual sentirnos orgullosos. Recordar que esta ciudad no solo ha dado delincuentes, sino hombres que pusieron el nombre de Nuevo Laredo muy en alto.

Mi ciudad ha forjado a grandes personalidades como Manuel Ceballos Ramírez, quien es académico, historiador, escritor e investigador, merecedor de muchos premios y distinciones nacionales e internacionales. De Nuevo Laredo salió Juventino Víctor Castro y Castro, quien fue abogado, académico, y Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Don Hugo Pedro González Lugo, primer y único gobernador del estado de Tamaulipas que fuera netamente neolaredense. Fuimos cuna de revolucionarios como Daniel Chávez, periodista maderista a quien se le atribuye la impresión del Plan de San Luis cuando Madero huía a San Antonio, TX. Revolucionarios también fueron Maclovio Herrera Cano y María de Jesús de la Rosa “La Coronela”, que aunque no fueran nacidos en esta ciudad, se arraigaron aquí y murieron en esta tierra.

Nuevo Laredo fue hogar de grandes defensores de la educación como el profesor Juan N. Mancillas, fundador del Colegio Excélsior y la Bernardino del Raso; la profesora Emilia Cantú de Zarate; o el gran profesor Juvenal Boone Flores. Aun hoy no se puede olvidar la gran labor del Padre Enrique Tomas Lozano, sacerdote español que llego a Nuevo Laredo en 1932. Menester es recordar los grandes ejemplos de éxito que dejaron atrás empresarios como Donaciano Echavarría, Octaviano L. Longoria Theriot y Lauro Luis Longoria. Inolvidables las artes del Arq. Florentino Medina, cuyas esculturas y murales continúan en nuestra ciudad. Orgullo también fue el Dr. Roberto Garza Garza, oncólogo que contribuyo a la fundación del Hospital de Cancerología de la Ciudad de México. En el ámbito de nuestra entidad histórica hay que recordar a Don Juan E. Richer, periodista y escritor a quien le debemos la primera reseña de la historia de nuestra ciudad.

Claro está que debemos reconocer también aquellos grandes hombres cuya palabra hizo eco en el ámbito político y cultural de nuestra historia. Inolvidable el nombre de Mauricio González de la Garza, escritor, periodista, historiador y compositor neolaredense. Gran columnista, usando siempre la palabra en la defensa de México y su democracia. Escritor del famoso libro “Ultima Llamada” en donde hacia una feroz crítica al sistema político mexicano y que le obligo a vivir en el exilio por un tiempo. Compositor de la famosa canción “Polvo Enamorado”, interpretada por José José y una de mis favoritas.

Las palabras no alcanzan para rendir homenaje al gran Lic. Carlos Enrique Cantú Rosas, con quien tuve el privilegio de convivir muchas veces, la suerte de aprender un poco de su enorme intelectualidad y el honor de llamarle “Tío”. Un luchador incansable por la democracia y con un gran amor por su ciudad y su gente. Su facilidad de palabra y su facultad de orador hacían vibrar al pueblo que lo escuchaba, el pueblo que lo amaba y que estaba dispuesto a abatirse en cualquier trinchera por defender la libertad que Carlos Cantú Rosas pregonaba. Verlo disertar sobre una tarima, sobre la caja de una camioneta, o en cualquier lado, era como ver a un Titán despertando conciencias. Un verdadero político, un hombre culto, un gran ser humano que consiguió ser el único presidente municipal de oposición en Nuevo Laredo. Querido por su pueblo, al que tanto apoyo. Ovacionado nacionalmente, pues dirigió a su partido, el PARM, a nivel nacional y lucho contra el régimen priista y en pro de la democracia. Demócrata y líder nato, verdadero ejemplo de que “La libertad se conquista, no se implora”.

El Lic. Manuel Hernández Alvarado, mi padrino, fue otro luchador de la democracia de la mano de Carlos Cantú Rosas. Y claro, recuerdo también a Don Francisco Morales Núñez, mi abuelo, fundador de la CTM en Nuevo Laredo y que renuncio a su puesto como protesta ante las insultantes cuotas que pretendía imponer Fidel Velázquez, haciendo a un lado su beneficio personal. Se quedan tantos nombres más, muchos hombres y mujeres ilustres, que resultaría interminable la lista. Todos ellos con un denominador común, su amor por esta ciudad.

Esto es Nuevo Laredo, el resultado del legado de esos grandes hombres, legado que deberíamos defender. ¿Qué nos pasa a las nuevas generaciones? Ahora dormitamos en nuestro pedestal mientras que nuestra ciudad se consume en la desgracia. ¿Qué pensarían ahora las 17 familias que cruzaron el Rio Bravo cargando a sus muertos para fundar Nuevo Laredo en 1848? Y ahora, huimos de nuevo al norte en vez de defender nuestro patrimonio.

¿En donde esta nuestra grandeza? Ahora para quejarnos nos sobra voz, pero para actuar nos falta valor. Ahora para huir nos sobran excusas, pero para buscar soluciones nos falta voluntad. Me duele ver que somos la ciudad de las casas vacías, de los negocios cerrados, de las calles desoladas y manchadas de sangre, mientras que nosotros, la generación encargada de continuar un gran legado, nos escondemos en el miedo y agachamos la cabeza. ¿Dónde está otro Carlos Cantú Rosas dispuesto a enfrentarse a un régimen para defender sus ideales y a su gente? Hace falta otro Juvenal Boone Flores dispuesto a apostar por la educación de calidad. Hace falta otro Mauricio González de la Garza que con sus palabras despierte a esta ciudad que se encuentra dormida y agonizante. Hace falta gente, que como aquellos hombres ilustres, levantemos la voz, venzamos la cobardía y enfrentemos con valor los males que nos aquejan. Hace falta gente que quiera a Nuevo Laredo.

No se puede revivir a los muertos ni se vale pedirles milagros. Esta ciudad es ahora nuestra y es nuestra decisión sacarla adelante o permitir que se ahogue en la zozobra, en el miedo y en la negligencia. No nos convirtamos en la generación de cobardes que dejo morir a Nuevo Laredo. Esta tierra vale mucho y su historia esta forjada por hombres y mujeres valientes, no los defraudemos. Esta es mi ciudad, me duele, me hiere, y está en nuestras manos hacerla grande de nuevo. Yo amo a Nuevo Laredo y luchare por mi ciudad hasta el último día de mi vida.

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