Lo Que Un Día Fue…

Eran tiempos de crisis aquellos, corría el 2013 y Nuevo Laredo estaba cansado. ¿Recuerdan el 2013? ¿Los anhelos de cambio? Surgió un proyecto que, más allá de un partido, representaba una esperanza. La ciudad entera hizo suyo el proyecto de Carlos Canturosas. ¿Recuerdan? Entonces nuestros ideales prevalecían ante los intereses. Los que creíamos en ese proyecto lo hacíamos sabiendo que las posibilidades de romper con la hegemonía del poder unipartidista eran casi nulas. Pero lo hacíamos por amor a la ciudad, por convicción.

En los tiempos de campaña muchos nos decían que estábamos locos por creer que Carlos ganaría, que era imposible, que de nada servía ir contra el sistema porque no podría ganarle nadie. Fueron días difíciles, de desvelos, largas caminatas, con la ilusión de hacer algo por esta ciudad. Entonces no éramos políticos, éramos ciudadanos, algunos empresarios, otros trabajadores, amas de casa, amigos, pero no políticos. Tal vez por eso lográbamos escuchar a la gente, que nos abrieran las puertas de sus casas, sabernos sus historias, indignarnos, y prometerles que se haría lo posible por cambiar las cosas.

¿Recuerdan el primer día de la administración del cambio? Tan altas eran las expectativas que no podían defraudarse. ¡A trabajar desde el primer día! En ese entonces yo aún laboraba en este periódico en el que hoy escribo, y desde allí, desde el escritorio de la Subdirección editorial, leía y veía la labor del nuevo alcalde, su cabildo y sus funcionarios. ¿Recuerdan esos 100 primeros días? ¿Recuerdan, quienes allí estuvieron, el ímpetu con el que comenzaron a laborar? Nadie podía quedarse sin hacer nada, todos tenían una función y debían dar resultados.

Yo entré a laborar en el Instituto Municipal de la Juventud el 20 de octubre del 2014, varios meses después de dejar de trabajar en el periódico. El Instituto era un sueño muy esperado, anhelaba poder estar ahí y comenzar a trabajar por la ciudad. Carlos fue a la primera junta de consejo en donde me nombraron director y la instrucción era clara: Resultados. Tres días después dábamos inicio al programa JuveBecas al que se habían sumado universidades y preparatorias.

Eran principios e ideales los que reinaban. Teníamos la obligación de demostrar que éramos diferentes, que realmente éramos un cambio. Y aquellos funcionarios, los de entonces, creíamos firmemente en lo que hacíamos, en un proyecto, veíamos el ejemplo en un gran líder y hacíamos lo posible por no quedarnos atrás. El proyecto era Nuevo Laredo, hacerlo mejor, hacerlo vibrar, hacerlo vivir.

Repito, no éramos políticos, éramos como todos, y como todos también estábamos cansados, también queríamos un cambio, por eso luchamos. Fue histórico porque trabajamos con pasión y nuestro mejor pago era ver cómo la gente agradecía la labor de esa administración.

¿Qué nos pasó? ¿En que momento se perdió el camino? ¿Acaso fue como aquel fragmento del poema de Octavio Paz, “Nocturno de San Ildefonso”, que dice así: “El bien, quisimos el bien: enderezar el mundo. No nos faltó entereza: nos faltó humildad”? ¿Por qué ahora en esta administración no se siente lo mismo? La ciudad no vibra igual, la pasión no existe, la entrega es nula. ¿Qué nos pasó? ¿Consumió la soberbia nuestra alma?

A ustedes les escribo, a ustedes, los de entonces, los que entregaron todo de si por un sueño de esperanza en el 2013, aún sabiendo que se podía perder. Sean sinceros con ustedes mismos, analicen lo que está pasando y pregúntense si esta administración representa aquellos ideales. Pregúntense si esto vale el esfuerzo que dieron. Mas allá de su trabajo, más allá de sus salarios, ¿están orgullosos de esta administración y de este alcalde? Realmente pregúntense si su conciencia está tranquila, porque, siendo sinceros, la mía no la estaba, mi conciencia me remordía al saber que laboraba en una administración que traiciona cada principio e ideales, que traiciona a la ciudad, a los ciudadanos, incluso a quienes llegamos a creer en Enrique Rivas alguna vez.

Que lejos quedaron aquellos sueños. Esta administración solo es la ceniza de aquella ardiente flama de la esperanza. Lo que hoy queda es la vergüenza de aquel gran orgullo, son las huellas mal marcadas de unos zapatos que le han quedado muy grandes al actual alcalde. Lo que hoy queda es la ignominia de aquella gallardía. Lo que hoy queda es aquello que juramos nunca ser.
Por favor, funcionarios, panistas, ciudadanos todos, recapacitemos y no cometamos el mismo error las próximas elecciones. Recuperemos la esperanza de lograr, de nuevo, lo que un día fue.

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