Y Llega Peña Nieto

Mi memoria de vivencias no abarca mucho tiempo hacia el pasado. Aun estoy joven, creo, aunque algunos achaques me hagan dudarlo a veces. Conozco de la historia, pues me gusta leer sobre ella, tanto la oficial como la de aquellos autores un poco más crudos en sus relatos, y claro, la siempre interesante memoria colectiva que pasa de boca en boca a través de experiencias de los mas añejados. Pero en esta memoria, en la mía, recuerdo vivamente algunos cambios de sexenio.

El cambio de sexenio más viejo del que tengo memoria es el de Salinas-Zedillo, recuerdo que fue un cambio de gobierno ríspido, con desencanto, protocolario y manchado por la desgracia del asesinato de Luis Donaldo Colosio. Después, con mayor detalle, recuerdo el cambio de gobierno Zedillo-Fox, fue un momento de júbilo entre la población por haber sacado al PRI de los Pinos, las expectativas eran altas y la alegría se dejaba ver entre gran parte de la gente. El cambio de sexenio Fox-Calderón me toco vivirlo como universitario, fue la primera vez que vote por un candidato a la Presidencia de la Republica. Ese cambio de gobierno fue caracterizado por la polarización entre quienes defendían el supuesto “fraude” contra Andrés Manuel López Obrador valiéndose de actos radicales, y quienes se oponían a esa conducta en defensa de la legalidad de Calderón.




Menciono esto porque en ninguno de esos cambios de gobierno he visto lo que vi en esta ocasión. Jamás había visto que el final de un sexenio causara, entre tanta gente, nostalgia y tristeza. Vi, en esta semana que concluyo, a personas llorando ante las despedidas de Calderón, mensajes en las redes sociales dándole un adiós con cariño. Jamás había visto que gran parte de la población despidiera a un presidente con tanto orgullo y con tanta pasión, añorando que se quedara, que no se fuera aún. Felipe Calderón debió haber hecho algo bien para tener el cariño y la aceptación de tanta gente. Claro, hay quienes no sintieron lo mismo, una opinión totalmente respetable, pero es innegable el sentir favorable con el que muchos lo recordaremos. Lamentablemente vimos enfrentamientos en las calles por parte de la izquierda y de #yosoy132 que resultaron violentas.

También entra en funciones el Lic. Enrique Peña Nieto, quien, hayamos votado por él o no, será nuestro Presidente y merece el respeto digno de su investidura. Llega con la fortaleza que implica la maquinaria de su partido, pero llega sabiendo que el 62% de los electores votaron en su contra. Recibe un país fuerte, pero un país sumergido en una lucha contra la delincuencia y consigo mismo, en donde la estructura social se desquebraja. Tiene un respaldo político, pero a una gran parte de la población que no lo desea y duda de sus maneras por las que consiguió la presidencia.

En lo personal, desconfío de Peña Nieto, razones sobran, basta con ver su desempeño al frente del gobierno del Estado de México, el cual paso con más pena que gloria. Tampoco confió en su nuevo gabinete conformado por personas que se distinguen por su sobrado cinismo político, su trayectoria en el “viejo PRI” y su falta de amor por México (salvo un par de honrosas excepciones). Pero se merece el beneficio de la duda. Debemos entender que lo que está en juego es algo más que un partido o que una persona. Lo que está en juego es el futuro de México, de nuestro país.

En este entendido le doy la bienvenida al nuevo gobierno deseándole, de todo corazón, el mayor de los éxitos. Le deseo al nuevo Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos que tenga una excelente administración viendo siempre por el bien común de la nación. Espero que esté a la altura para enfrentar los retos que implica ser el líder de un país. Anhelo que logre los acuerdos políticos necesarios para sacar avante las reformas y la modernización que México necesita. Aplaudo que continúe con la lucha contra la delincuencia y deseo que su nueva estrategia dé frutos positivos y no represente solo un parche a un mal que nos duele a todos. Su discurso fue bueno, pero sin plazos ni plan para sacar los recursos que financien sus propuestas.

Habrá quienes, en su legítimo derecho, repudien a EPN. Pero México no crecerá en la anarquía, radicalismo y encono. Hay una realidad, nuestro Presidente Constitucional es Enrique Peña Nieto y lo será por los próximos 6 años. En un país de leyes debe prevalecer el estado de derecho. Si queremos hacer algo es nuestra obligación trabajar como ciudadanos en la construcción de un México mas solido y una democracia de madurez. Aprender a exigir y mejorar nuestra cultura política. Entender que nuestro voto vale más que una despensa, tarjetas de Soriana o dinero, es nuestra arma más poderosa y venderlo es traicionar a la patria y nuestro futuro.

Cuando Peña Nieto deje el gobierno yo tendré 32 años de edad, esperando que Dios me permita llegar con vida. Habré observado su desempeño y muchas cosas habrán cambiado para ese entonces. Espero poder decir por él, cuando llegue el tiempo, lo que diré a continuación. Y lo que diré será a sabiendas de que muchas personas opinan distinto. Opiniones que respeto y aplaudo, pues es en las diferencias y pluralidad donde se construye la democracia.

Con la misma madurez política con la que doy la bienvenida a EPN, es que escribo lo siguiente: ¡Muchas gracias Felipe Calderón! Gracias por ser un presidente guiado por sus principios y no por sus intereses. Gracias por dejarnos un México económicamente estable, en vías de modernización y con respeto internacional. Gracias por mostrarnos lo que es un presidente sobrio, sin excesos, buscando lo mejor por el país. Me siento orgulloso de haber tenido un Presidente como usted. Le agradezco su entrega y su entereza por defender a la nación aun en contra de quien aposto en su fracaso. Le reconozco su valentía por afrontar una lucha en la que muchos de nosotros, tal vez por cobardía o miedo, no nos atrevimos a respaldarlo o no supimos entender. Gracias por entregar finanzas sanas y reservas suficientes para demostrar al mundo la fortaleza de nuestra nación. Gracias por trabajar buscando la estabilidad de la federación en el ámbito legal, económico, político, social y en todos los que compete, aun a pesar de las trabas impuestas por otros políticos y la sociedad misma. Gracias por haber organizado un gabinete suficientemente capaz para hacer frente a las crisis económicas, de salud y demás que sufrimos durante su administración y por respetar y propiciar la expansión de la libertad de expresión. Errores hubo muchos, muertes que causaron dolor y faltan muchas cosas por hacer, pero en lo general le agradezco habernos mostrado lo que se siente tener un Presidente diferente y democrático. Me uno a aquellos que sentimos nostalgia ante su partida. Le deseo éxito en su nuevo camino. Es momento de continuar y dar vuelta a la página. ¡Muchas gracias y hasta pronto Felipe Calderón!

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