El Poder de un Pueblo

Ha pasado un mes más de este año y sigue sin haber un plan estratégico contra la inseguridad ni respuesta concreta de las autoridades municipales, estatales ni federales. ¿Qué necesita hacer esta ciudad para obtener la atención del Gobernador (no solo una visita escueta con verdades a medias) y de la federación? ¿Tan poco valemos para ellos? Aunque estoy seguro que en los próximos tiempos electorales sobraran las dadivas por parte de ellos.

Una ciudad con la importancia de Nuevo Laredo, tiene el poder de conseguir tantas cosas. Lo único que nos ha faltado hasta ahora es la voluntad y el coraje para hacerlas. Nosotros no deberíamos rogarle al gobierno para que nos de algo que nos corresponde por derecho: seguridad. Esta ciudad vale mucho, tan solo basta ponerse de pie.
Unos minutos previos a escribir este artículo recordé una anécdota que nos contara la C.P. Patricia Terrazas Baca, quien fuera candidata a la Presidencia de COPARMEX Nacional. Ella nos conto lo siguiente:




Hace algún tiempo, en la ciudad de Cuauhtémoc, Chihuahua, se desato una ola de asaltos, extorciones y secuestros. Los acontecimientos comenzaron como hechos aislados que iban de boca en boca, pero creciendo constantemente. En algún momento todo se salió de control y eran tantos los asaltos diarios que ya eran pocas las personas que no habían vivido este terror. La gente comenzó a agruparse e ir con su autoridad inmediata, el Alcalde de esa ciudad, pero era en vano. El alcalde les decía que estaba haciendo todo lo posible y que no podía hacer mas, que necesitaba del apoyo estatal y federal. Cada vez que un grupo de personas iba con su alcalde la respuesta era la misma y este daba largas y soluciones poco convincentes. Todos los días se registraban nuevos asaltos, nuevas extorciones, y la población estaba a merced de los delincuentes. Decidieron pedir auxilio al entonces gobernador pero no obtuvieron respuesta. Pasaron meses en ese estado de abandono e indefensión.

Un día, producto de la desesperación de la ciudadanía, los empresarios decidieron unirse y planear una estrategia para hacer algo al respecto. Lejos de tomar las armas o la ley en sus manos, lejos de construir bunkers o colonias amuralladas, decidieron utilizar el poder pacifico de su pueblo. Tomada la decisión paso algo que pocas veces se ve, pero que demuestra la voluntad de un pueblo que tiene valor.

Cierto día, sin aviso previo, las calles de Cuauhtémoc, Chihuahua amanecieron desoladas. Las empresas y negocios amanecieron cerrados y con una manta afuera de cada uno diciendo: “Cerrado por la inseguridad”. El llamado fue atendido por quienes estaban cansados de tanta delincuencia, desde pequeñas papelerías, depósitos, peluquerías, mercerías, herbarias, hasta grandes comercios y empresas. La iniciativa presentada por unos empresarios encontró eco en la población. Todo cerrado, las farmacias, restaurantes, transportistas, todo.

Paso un día y, aunque la gente se extrañaba, no causo el revuelo esperado. Fue hasta esa noche que la población comenzó a llamar y buscar la razón de que todo estuviera cerrado. Al siguiente día la gente comenzó a sentir la necesidad de comprar en esos negocios pero no era posible, las llamadas y quejas aumentaron. Al tercer día, como por arte de magia, se presento el gobernador en la ciudad para conversar con los empresarios. La consigna fue simple: O nos devuelve la seguridad o Cuauhtémoc permanece cerrado. En los días siguientes de ese evento los resultados fueron notables: delincuentes tras las rejas, reducción de hechos delictivos en un alto porcentaje y la tranquilidad fue volviendo gradualmente.

Y pensando en esta historia me pregunte: ¿Qué pasaría si Nuevo Laredo decidiera hacer algo así? Imaginé un día en que la calle Guerrero amaneciera inmóvil, en el que los restaurantes, farmacias, peluquerías, depósitos, tiendas, papelerías, oficinas, empresas decidieran no abrir por la inseguridad. ¿Qué pasaría si los Agentes Aduanales decidieran no emitir ni un solo pedimento? Si los transportistas decidieran no mover ni una sola caja. ¿Qué pasaría si el puerto aduanal más grande de América Latina, por donde cruza más del 30% de las exportaciones de México y más de 10 mil cajas diarias decidiera quedar inmóvil? Un día en que las grandes plantas, fábricas y ensambladoras tanto mexicanas como americanas deban detener la producción porque no les llego la mercancía o porque tienen inventario sin mover. ¿Qué pasaría cuando la cadena de suministro se viera detenida por ese pequeño eslabón llamado Nuevo Laredo? ¿Qué pasaría cuando todos nos uniéramos y decidiéramos utilizar el arma más poderosa que tenemos: nuestra economía?

Estoy seguro que si esto ocurriera no solo tendríamos al Gobernador y al Presidente de la Republica en esta ciudad al día siguiente, sino que tendríamos los ojos del mundo mirándonos y obligando a nuestro gobierno a resolver nuestra situación. Estoy seguro que ese día nuestra tranquilidad, la cual vale mucho más que el dinero que se pudiera perder, comenzaría a regresar.
Y esto es solo un ejercicio mental proveniente de esa pregunta tan común que nos hacemos “¿Qué pasaría si…?”. Pero es una muestra de que no estamos desahuciados, de que aun tenemos elementos poderosos para luchar. De ese tamaño es nuestra fuerza, de ese tamaño es Nuevo Laredo. Esta ciudad no debería tener miedo a nadie ni rogar a ningún gobernante por lo que nos corresponde por derecho. Esta ciudad tiene en sus manos una arma tan poderosa que haría temblar a todo el continente, incluso al mundo. Solo nos falta la voluntad para usarla y el coraje para olvidar nuestras diferencias y unirnos en un solo grito: “¡O nos devuelven la tranquilidad o Nuevo Laredo permanece cerrado!”

En fin, mientras encontramos esa voluntad sigamos mandando cartas de ruego a nuestros gobernantes, interponiendo intereses personales, apuntándonos el dedo, dando la espalda a nuestros problemas, callando cuando debemos gritar, reverenciando a quienes debemos exigir y votando por los mismo de siempre. La decisión solo está en nosotros mismos.

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