El Asalto

“Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada.”Edmund Burke

Eran aproximadamente las 3 de la tarde, se preparaban para cerrar el negocio y la alegría se hacía notar ya que era el último día que trabajarían en el 2012. Una de las empleadas que se encontraba en el lugar acababa de recibir su sueldo con el que haría la cena familiar de Fin de Año. Cuando de pronto la dueña del negocio voltea a ver hacia la puerta de la entrada, se queda muda por un momento, su hermana que estaba dando la espalda hacia la puerta le pregunta que qué era lo que pasaba. La propietaria solo dice: “No te muevas, por favor no te muevas.” Un hombre encapuchado y portando una arma larga había entrado al establecimiento y se posiciono precisamente detrás de la hermana de la propietaria. Con voz de mando grito, con palabras rudas, que se pusieran en el suelo. Las mujeres obedecieron, no sin antes comenzar a temblar y a llorar. La propietaria vio las manos del delincuente y noto que estaban nerviosas. Su miedo se incremento ante el hecho de que era un inexperto al que se le podía salir un tiro en cualquier momento. Me comentan que en ese momento solo pensaban en su familia y en la posibilidad de no volverlos a ver.

Un segundo hombre, con menos tacto y más rudeza, entro al lugar. Los gritos, las amenazas, el estrés solo conseguía empeorar el estado de las victimas que no alcanzaban a decir otra cosa que: “¡Dios los perdone!”. Despojaron a todos del dinero y pertenencias que llevaban. Fueron aproximadamente 15 minutos de pánico, de pensar lo peor, de sentir la muerte muy cerca. Una de esas mujeres era mi madre, la otra mi tía y la tercera una de nuestras empleadas.




Con ese cinismo característico uno de los delincuentes dijo: “Perdóneme, pero estoy haciendo mi trabajo.” ¿Trabajo? Trabajo es el que hicieron esas mujeres y las victimas de los múltiples asaltos, trabajando honradamente por largas horas para proveer a su familia, y hacerlo sin dañar a los demás. El trabajo dignifica y para realizarse se requiere capacidad que dudo tengan. Lo que esos delincuentes hacen se llama cobardía, canallada, delito y pecado. El otro de los delincuentes también dejo una promesa, esa promesa que aun vive en la mente de mi madre: “No se preocupen, después regresamos”. Que verdadero cinismo y que lastima dan.

El abrazo que nos dimos cuando nos vimos mi mama, mi tía y yo fue muy fuerte y con ese llanto impulsado por el gusto de ver nuevamente a la familia, así como el coraje e impotencia de no poder hacer más. Abrace fuerte a mi madre y di gracias de que, después de tantos asaltos que terminan en hechos trágicos, podía tenerla conmigo nuevamente.

¿Qué si estoy molesto? ¡Claro que estoy molesto! Y no solo porque se trato de mi madre, mi tía, y mi empleada, sino porque se trata de tantas personas que se suman a estas víctimas y cada caso nos duele. Claro que estoy molesto porque vi las lágrimas de mi familia ser derramadas por un par de seres que no merecen ser llamados humanos. Porque Seguridad Tamaulipas no llego cuando se le llamo ya que, de acuerdo con lo que me dijera el Alcalde, “hay un problema y los reportes no están llegando”.

Debo admitir que el Alcalde Benjamín Galván recibió mi llamada ese día y fue gracias a eso que Seguridad Tamaulipas por fin se presento. Aunque, tristemente, sin resultados. Como le dije aquel día al Alcalde: le agradezco mucho el apoyo, pero más le hubiera agradecido que el gobierno (municipal, estatal, federal) hubiera tomado las medidas necesarias para prevenir esta ola de asaltos en vez de actuar, y muy mal, cuando ya es tarde. Mas hubiera agradecido que en lugar de dar “pan y circo” al pueblo mejor hubieran trabajado por buscar lo que verdaderamente necesitamos: Tranquilidad, progreso, empleo, seguridad.

¿De qué nos sirve tener un presupuesto de 116 millones de pesos en este 2013 sólo para imagen si asaltan a nuestros clientes afuera de las oficinas y el miedo aumenta? ¿De qué nos sirve que autorice el gobierno estatal un presupuesto de más de 200 millones de pesos para un distribuidor vial si la gente tiene miedo de salir a las calles? ¿De qué nos sirve hablar bien de Nuevo Laredo mientras andan impunes quienes manchan nuestra imagen y lastiman a nuestra gente?

Recordando un poema de Mario Bennedetti titulado “¿De qué se ríe?” y que escribiera como protesta política, me gustaría hacer la misma pregunta al alcalde, al gobernador, a los funcionarios cada vez que veo fotos de ellos en los medios (todos los días) con esa sonrisa en su rostro: ¿De qué se ríen? ¿De las decenas de asaltos que hemos sufrido en las últimas semanas? ¿De los que han muerto a causa de bala o han sido golpeados? ¿De tener la deuda per cápita mas alta de todo el país? ¿De la transparencia opaca de nuestro municipio? ¿Acaso se ríen del pueblo? ¿De la capacidad investigadora inexistente del Ministerio Publico? ¿De su ineptitud, como gobernantes, para brindar seguridad y las bases elementales de una sociedad sustentable? ¿¡De que se ríen!?

¡Ya es hora de actuar! El pueblo no es tonto ni vive solo de pan y circo. Qué bueno que se divirtieron en la pista de hielo, que bonito le quedo el Segundo Informe al Alcalde, excelente que tengamos un tobogán grandotote que costó mucho más de lo que debería y qué bueno que vino “Dinamita” Márquez a decir que esta administración municipal es una maravilla. Ya tuvieron su alimento para el ego. Ahora a ponernos a trabajar. Hacer cosas que si sean de la importancia adecuada que requiere nuestra necesidad. ¡Dejar las fotos y tomar las riendas con decisión!

Desafortunadamente la ineptitud de las autoridades nos está llevando, a los ciudadanos, a hacer uso incluso de nuestro derecho a la legítima defensa. No condono la violencia, pero cada vez es más común ver que los ciudadanos frustraron tal o cual robo. Y es que nos están dejando indefensos. Las fuerzas federales se han reducido drásticamente (Y eso que Peña Nieto acabaría con todos nuestros problemas), Seguridad Tamaulipas no se da abasto y, por si fuera poco, no les llegan los reportes, nuestra policía municipal es… inexistente, y nuestras autoridades son incapaces. ¿Qué otro camino tenemos? Vean, Alcalde, Gobernador, en lo que hemos terminado, a donde nos ha llevado su incapacidad para gobernar. Los he escuchado decir que a ustedes también les duele Nuevo Laredo, pero no basta con dolernos, hay que actuar.

Es momento, ciudadanos, de hacer algo en contra de esto. Somos muchos los que ya no toleramos vivir a la merced del miedo. El gobierno se ha encargado de defraudarnos muchas veces. La única respuesta a esto somos nosotros, saber exigir y participar. Esta maldad triunfara sólo cuando nos hayamos cruzado de brazos. Vayamos tomando nuestra responsabilidad y que Dios nos bendiga.


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