El Abrazo

Luis era un joven con muchos proyectos en su vida. A sus 17 años era el primer lugar de su clase en la preparatoria, trabajaba en la industria de la construcción y era candidato a una beca de una prestigiada universidad. A pesar de estas virtudes la relación con su familia era fría, distanciada, no por falta de amor sino porque sus prioridades estaban más encaminadas a su superación personal y a los logros que pudiera tener en el ámbito material. Aun así, nunca dejo de amar a su familia. Llegado diciembre acostumbraba a usar parte de sus ahorros para comprar regalos de Navidad a sus padres y familiares, pues consideraba que esa era la mejor manera de demostrar su cariño. Pero también creía que en base a lo que los demás le regalaban era el amor que le tenían.

En una Navidad, la de sus 17 años, los padres de Luis pasaban por una situación económica precaria que los imposibilitaba para comprarle un regalo al joven. Después de la cena de Noche Buena llego la hora de abrir los presentes. La mama de Luis, al ver la cara triste del muchacho por no tener un regalo para él abajo del Árbol de Navidad, le dijo con ojos húmedos por las lagrimas: “Hijo, este año no nos alcanzo para comprarte un regalo, pero aquí tienes un abrazo que te doy con todo mi amor”. Luis, un poco molesto, rechazó aquel abrazo y le contesto: “Un abrazo no se usa ni compra nada”. Después se marcho a su cuarto.




Al día siguiente de la Navidad, Luis se presento a trabajar en la construcción junto con un grupo reducido de compañeros para aprovechar un pago extra ya que no se acostumbraba trabajar ese día. La molestia de no haber recibido su regalo aun persistía, pero también lo embargaba un sentimiento de culpa por la manera en que le había contestado a su madre. Decidido a olvidar el mal momento llegó a la determinación de que lo primero que haría al regresar a su casa seria abrazar con todas sus fuerzas a su familia y pedirles perdón por su actitud infantil. Ese era su deseo y solo esperaba a que las horas de trabajo pasaran para poder abrazar a su madre.

A las 4 de la tarde timbro el teléfono en la casa de Luis. La madre sintió que algo le oprimía el pecho al escuchar ese sonido. Dejo lo que estaba haciendo y corrió a contestar. El mensaje de esa llamada era claro: Luis había sufrido un accidente en el trabajo, estaba hospitalizado y podría perder sus brazos. La madre soltó el teléfono, cayó de rodillas y en un grito ahogado quiso sacar su desesperación, pero ese grito nunca salió, solo las lagrimas y las ganas de salir corriendo a ver a su hijo. Unas vigas que sostenían ladrillos y maquinaria pesada habían colapsado prensando los brazos de Luis hasta unos centímetros bajo los hombros, era imposible mantenerlos pues habían quedado deshechos.

Casi un año le tomo a Luis recuperarse de sus heridas físicas. El tratamiento psicológico, la rehabilitación y el amor de su familia le permitieron afrontar la situación de una manera madura y con esperanza. Suspendió momentáneamente sus clases pero ya aprendía a usar su boca y sus pies para hacer cosas como escribir y poder retomar la beca para entrar a la Universidad. Llego una Navidad más, pero el llanto no cesaba. La vida no era la misma para el joven y no podía olvidarse de aquel abrazo que rechazó de su madre y que ahora lo necesitaba a gritos.

En enero retomó la rehabilitación, sus heridas estaban curadas y el siguiente paso era colocar las prótesis. La familia de Luis no contaba con los medios suficientes para costearlas. El médico había decidido llevar el caso al consejo del hospital para ver si podían donarle las prótesis. Se cito a Luis a una entrevista para analizar la situación y, entre otras preguntas, uno de los médicos le cuestionó: “¿Cuál es tu mayor deseo?”. Instantáneamente y con voz quebrada Luis le respondió: “Poder abrazar a mi madre”. Después de la entrevista Luis salió, los médicos se quedaron callados por un momento y no pudieron evitar derramar alguna lágrima ante las respuestas del joven, pensaban en como algo tan simple como un abrazo podría representar el deseo más grande de Luis. Se aprobó la donación.

Después del proceso correspondiente y de tomar las medidas adecuadas de las prótesis se determino que el día de la entrega seria el 23 de diciembre de ese mismo año. Llego el día pero Luis no regreso a su casa inmediatamente después de la colocación de las mismas. El 24 de diciembre toda su familia se reunió en casa de Luis para verlo llegar y celebrar la Noche Buena. Por fin llego Luis acompañado de su padre, el regocijo se escuchaba por toda la casa, el llanto de alegría no se hizo esperar, el jubilo de la madre era excepcional. Cenaron y, como de costumbre, a las 12 de la noche fueron alrededor del Árbol de Navidad para abrir los regalos. Antes de que los abrieran Luis pidió la palabra y dijo: “Hace dos años yo no entendía el sentido de la Navidad y pensaba que eran los regalos la forma de demostrar amor. Hace dos años rechace lo que pudo haber sido el mejor regalo de mi vida, un abrazo de mi madre. No entendía lo afortunado que ya era, la riqueza que tenia de poder abrazar a mi familia, de tener mis brazos, una vida plena. Hoy recibo otro regalo, mis prótesis, las cuales le agradezco a Dios, porque con ellas podre cumplir un deseo que tengo desde hace dos años y que me daba el coraje de continuar, el deseo de abrazar a mi madre y a mi familia. Dios, gracias por prestarme de nuevo unos brazos que no merezco, por darme otra oportunidad y enseñarme a valorar las riquezas que me has dado: esta familia que vale más que todo el oro del mundo, y mis ojos para mirarlos, y mi boca para besarlos y decirles “te quiero”, y mi corazón para amarlos y la vida para compartirla con aquellos a quien quiero. Permítanme abrazarlos, y besarlos y decirles que los amo, y agradecer a Dios por cuanto nos ha dado, porque no sé si mañana no pueda hacerlo de nuevo. Madre, perdóname por rechazar aquel abrazo y déjame ser yo quien te abrace ahora.” Esa noche los regalos se quedaron cerrados, pues fue ese abrazo, ese beso, esa oración y ese te quiero el mejor regalo que pudieron recibir y dar y así pasar la mejor Navidad que había tenido esa familia.

La Navidad es mucho más que un regalo o una cena, es el momento ideal para estar en familia, para abrazarse, para demostrarse el cariño, para perdonarse, para olvidar los rencores, para agradecerle a Dios todo cuanto nos ha dado, por más simple que sea, pues algo tan simple como un abrazo puede ser el mayor sueño de muchos. No sabemos cuándo es la última vez que podremos abrazar y besar a alguien. Únanse en esta Navidad, disfruten a la familia, háganse el tiempo para ofrecer una oración, para abrazarse. Que los regalos son muy bonitos, pero el amor es algo maravilloso. Les deseo una muy Feliz Navidad llena de cariño, de perdón y de alegría. Les regalo algo que, por muy poco que sea, es lo mejor que puedo dar y nace de mi corazón llenándolo de amor y buenos deseos para todos: ¡Un abrazo! ¡Feliz Navidad!


, ,

Deja un comentario