Día de la Revolución

Parece ser que hoy en día conocer la historia representa más un privilegio que un deber cívico. Pues se ha dejado de verla como la esencia de la sociedad para convertirla en tediosa letra muerta. La historia no solo es una materia de escuela, un capricho o mera cultura inútil. La historia es vida, patria, reflejo de nuestro pasado, camino que se ha forjado para llegar a nuestro presente, proyección de nuestro futuro. Si, la historia es vida, alimentada por sangre, sudor y trabajo de nuestros antepasados que lucharon por dejarnos un país. Construida en victorias y fracasos, en aciertos y en errores, en verdades y traiciones. Se une en un todo, el pasado convertido en presente para mostrarnos el futuro. Es necesario conocer nuestra historia para conocernos a nosotros mismos, nuestra grandeza, nuestros límites y de lo que somos capaces. La ignorancia de la misma nos lleva a cometer los mismos errores, a repetirla, a luchar de nuevo por lo que ya se había luchado, a desconocernos, nos condena al fracaso. No podemos darnos el lujo de desconocer la historia, pues tan ambigua como se ve, es nuestra, algo que nadie podrá robarnos, nuestra identidad.

Hemos fallado al no conocernos, pues cada lucha la hemos terminado en un acto legal, constitución o ley, mismas que han dado pie a una nueva lucha. Esto es porque en ellas no plasmamos nuestra realidad, lo que somos, sino lo que quisiéramos ser, por ignorancia misma de nuestra esencia. En nuestra Independencia, Reforma y Revolución, sobrados de miopía para vernos y aceptarnos, encumbrados en la soberbia de creer que el mundo es igual para todos, decidimos imponer ideologías extranjeras a nuestra cultura tan única. Carentes de noción por la realidad nacional, creyendo dar igualdad a los desiguales, hemos vitoreado nuestros errores, mitigado la confianza y el patriotismo, y ensalzado el encono y la incertidumbre.



Esa misma ignorancia histórica es la que hoy nos lleva a cometer más errores, la que nos aleja de México, es la raíz de una nueva bipolaridad colectiva. Acabemos con esta bipolaridad colectiva que nos aqueja y que se divide en dos planos geográficos muy diferentes; pues nos avergonzamos de nuestra patria dentro de los límites de nuestra Republica y nos enorgullecemos de nuestra mexicanidad y tradiciones en el extranjero. Anhelamos salir del país, envidiamos la supuesta facilidad con que viven en otras tierras, violamos nuestras leyes, olvidamos nuestra historia, mientras que, cuando nos aventuramos a irnos a otros países, nos damos cuenta que cuesta más trabajo ese estilo de vida, luchamos mas, aprendemos su historia y respetamos las leyes que nos imponen. Vivimos como arrimados, consumiéndonos la vida más rápido, perdiendo nuestra identidad, apenas disfrutando las alegrías y deseando cada día regresar a nuestro México. Si tan solo lucháramos con ese fervor desde un principio en nuestra tierra jamás hubiéramos tenido que desear algo que no es nuestro. Nuestra historia nos ha dado patria, es nuestro deber defenderla.
Hoy es la víspera del día de la Revolución, lucha histórica que costo muchas vidas y que, hasta hoy, sigue inconclusa en el cumplimiento de sus promesas. Pues, como escribiría Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad: “La permanencia del programa liberal, su federalismo teórico y su ceguera ante nuestra realidad, abrió nuevamente la puerta a la mentira y a su inautenticidad”. Nosotros somos los que tenemos la responsabilidad histórica de emular esa lucha remontándonos a nuestras raíces, utilizando nuestro patriotismo como escudo, nuestra conciencia como arma y nuestra voz como balas. Conozcamos nuestra historia.

Mañana es el día de la Revolución Mexicana, pero en vez de escribir loas a sus héroes y recordar sus batallas me gustaría contarles una anécdota:
Hace ya varios años, alrededor de 10, estaba en una reunión conmemorando el cumpleaños de un familiar. En la mesa nos sentamos varios invitados, frente a mi quedo una persona muy reconocida de esta ciudad y que ya no está con nosotros. Él me miro fijamente y me pregunto: “Álvaro, ¿Qué representa la Revolución para los jóvenes?”. En ese entonces yo le conteste: “Un tema de clase de una materia de escuela.”. Su mirada se quedo fija en mi por un instante, podía ver su desilusión, no sé si conmigo, no sé si con la juventud en general.

Hace unos días le pregunte a un joven preparatoriano de la localidad, tenía la misma edad que yo en aquel entonces, lo mismo que me preguntara aquella persona. Su respuesta no fue desesperanzadora como la mía, no, su respuesta fue demoledora, fulminante. El joven me miro y me dijo: “¡Nada!”. Mi mirada, como aquella vez en el rostro de quien me preguntara, se quedo fija. En ese momento quise debatirle la respuesta, explicármela a mí mismo, pero nada, solo callé y le di las gracias. Sentí entonces como debió haber sentido aquel hombre en ese tiempo, aquel político que tanto había dedicado su vida a su patria tomando como estandarte una lucha que se iba olvidando. Sentí como se desplomaba algo dentro de mí, esa decepción que congela.
¿A quién culpamos? Solo a nosotros mismos. Pues las generaciones de hoy son el resultado de la generación de ayer, así como la de mañana será el resultado de la generación de hoy. ¿Y nos preguntamos por qué vivimos esta violencia y nuestros problemas? Porque vamos perdiendo nuestra esencia, nuestra identidad y nuestra historia. La base de nuestros problemas no está únicamente en la desigualdad social, pues algunos de los delincuentes vienen de familia de clase media y clase media alta. La base de nuestros problemas está en la educación, la cultura y la sociedad. Pero nosotros preferimos no culparnos, pues se escucha feo, nos ofende, nos mancha la conciencia. ¿Culpamos únicamente al gobierno, a la corrupción y a los profesores? Señores, al gobierno lo elegimos nosotros, la corrupción la alimentamos nosotros y la educación empieza en casa.

Me niego a creer que la revolución no representa nada, que sirve solo para tener un día de asueto, que nuestra historia es solo parte de una materia de escuela. Es momento de ver al pasado para forjar un mejor futuro. Los invito, nuevamente, a retomar una nueva revolución de conciencias, a renovar nuestro patriotismo y amor por México, a conocer nuestra historia para forjarnos un futuro cierto. No dejemos que aquella lucha vaya quedando en el olvido. Este es un buen momento para empezar a crear un mejor país, todos juntos, uno a uno y poco a poco. Después de todo, la historia la escriben los ganadores. Es momento de escribir nuestra historia.



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