Cuatro Mil Sismos Después

Nací unos meses después del Terremoto de 1985, por lo que las únicas referencias eran las historias contadas año con año sobre aquella catástrofe. Tantas vidas perdidas, edificios colapsados, caos, pero también me hablaban de un gran corazón de los mexicanos que escarbaban entre los escombros, arriesgando su vida, en busca de sobrevivientes. Me hablaban de un terremoto que había movido tanto los corazones de los mexicanos que fue capaz de volcarlo en solidaridad y unión.

Desde entonces solo lo imaginaba, imaginaba aquello que había sido, el dolor, las lágrimas, la grandeza de un pueblo. Aquel contraste entre el sufrimiento de la pérdida y el arrojo solidario de la esperanza, eso que solo las grandes desgracias son capaces de traer. Lo imaginaba y, en muchas ocasiones, me contagiaba de esos sentimientos. Pero todo aquello que pude haber visto o imaginado quedó absorto ante lo que hemos vivido.




Hoy, 4 mil sismos y replicas después, que contrastes arroja México. Desde el corazón solidario de millones de mexicanos, hasta la fría ambición de algunos políticos. Vimos, como nunca, esta catástrofe. Las redes sociales nos llenaron de imágenes y videos, algunos que nos sacaban las lágrimas al ver la grandeza de muchos corazones, y otros que nos indignaban al ver, también, la bajeza de la que somos capaces. Sufrimos con Frida Sofía, nos desvelamos, nos dolía saber que estaba enterrada en los escombros, y nos dolió saber que nunca existió. Pero nuestro optimismo no desapareció con Frida Sofía, no, hubo otra Frida, la que sí existió, la que en sus cuatro patitas y con su chaleco de la Marina rescató a más de 12 personas y se volvió ese icono de esperanza que ha sido imposible arrebatarnos.

Miles de voluntarios que, sin conocer siquiera a quienes estaban en los escombros, estaban dispuestos a dar la vida por los sobrevivientes. Millones más que levantaron la mano en todo el país, algunos para apoyar con víveres, dinero, o simplemente tomar sus maletas e irse a poner al servicio del rescate de nuestros hermanos. Voluntarios que después de tantas horas empezaron a cansarse, pero luego vino la ayuda de fuera, de aquellos mas allá de nuestras fronteras y que, seguramente, nunca imaginaron ver lo que vieron. Nunca imaginaron ver personas con sus delantales sirviendo chocolate gratis a desconocidos; nunca imaginaron que en la zona de trabajos no faltaría nada, pues solo bastaba gritar si se necesita una pala o una planta de luz para que minutos después apareciera; nunca imaginaron cuanto les dolería escuchar nuestro himno en honor de aquellos que ya no podrían rescatar, ni se imaginaron ver la llegada de los mariachis cantando cielito lindo para dar animo a aquellos que aún guardaban esperanza. Nunca imaginaron tantas emociones encontradas, tantos contrastes en una tragedia, porque solo en México puede vivirse algo así, en donde se puede encontrar la cura del dolor con un poco de alegría, aunque fuera en graciosos mensajes escritos en las latas de frijoles o en las gasas.

Porque el México este, el de la catástrofe, es el México que somos en su mayor esplendor. El México que encuentra en el dolor inmenso, en la tragedia de nuestros hermanos, en el umbral de la muerte, una razón para salir adelante, para dar la cara, para arriesgarse, para exigir, para ser grande. El México que acabamos de ver es el México de los ciudadanos y de nadie más.

El México que fue capaz de hacer milagros en las zonas de desastre. El México tan generoso que tienen que decirle “un poco menos de comida”. El México que, con ese dolor que nos desgarraba, fue capaz de hacer temblar a los partidos políticos al grado de hacerlos desprenderse de aquello que más quieren: dinero. Que con nuestra voz denunciamos a Graco Ramirez en Morelos, que obligó a otros políticos a dar un paso atrás de su soberbia y protagonismo, el México al que hay que temerle.

Y así como afloró la parte solidaria, también afloró lo peor. Vimos que no solo debemos cuidarnos de los desastres naturales, sino también de los desastrosos políticos. Que en un país en donde el Presidente tiene un avión carísimo, su esposa vestidos de lujo y una casa blanca, los partidos políticos 12 mil millones de pesos, los servicios médicos no tienen ni gasas. Vimos que los partidos políticos están totalmente ajenos al clamor nacional, pues ante la exigencia de que se destinara el dinero de campañas a la reconstrucción por los terremotos, ellos parecía que entendían mal, parecía que entendían que era una “petición para que donaran” y como si fuera una subasta, comenzaron una puja para ver quien “daba” más y lograba el afecto de la gente, el PRI comenzó con un 25% de su gasto anual, Morena dijo que el 50%, PVEM dijo que 85 millones de pesos, y así hasta llegar casi a un 85%.

Pero aquello malo fue lo menos. Habrá quien vea el vaso medio lleno o medio vacío, lo que no podemos negar es que los corazones de los mexicanos están totalmente llenos de amor y con eso me quedo. Me quedo con el México de a pie, el México de pie, el que ante la tragedia sus ojos se llenaron de llanto por el dolor, pero también su piel se erizo por la esperanza. Me quedo con la psicóloga que, con una silla plegable y un cartón en la mano, ofrecía terapia gratuita. Me quedo con el soldado que rompió en llanto al no poder rescatar con vida a una madre y su hija. Me quedo con miles de familias damnificadas y desamparadas en Chiapas, Oaxaca, Morelos, CDMX, Guerrero, Veracruz, y otras entidades que necesitan de nosotros hoy y seguirán necesitando por mucho tiempo, al menos mientras se edifican más de 70 mil casas en solo 3 estados, esas familias que aún en los peores momentos siguen luchando. Me quedo con este México, con mi México, porque no encuentro mayor honor que nacer y ser enterrado en esta tierra, mi tierra, esa que en cada temblor nos hiere, pero nos une, nos hace iguales y nos hace más fuertes, la tierra de ciudadanos que, como escribió Alexandre Vidal-Naquet, “están hechos con un material que vuelve gruesa su piel ante la tragedia mientras su corazón se expande a tamaños insospechados.”

Eres Gigante México. Te amo más que siempre y te amo más que nunca. Siempre aquí, en mi corazón, toda mi vida, hasta su último día.


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